“Tal vez sea más fructífero el grito de un concierto de rock que el griterío supuestamente catártico de interminables sesiones psiconalíticas”.
Decía José Ortega y Gasset que el grito es el preámbulo sonoro de la agresión y al respecto citaba la siguiente observación certera de Leonardo: “Dove si grida non è vera scienza.” (“Donde se grita no hay verdadera ciencia.”) Gritar es levantar mucho la voz emitiendo sonidos penetrantes, desapacibles y muchas veces ensordecedores. Uno grita o profiere una interjección cuando uno no quiere hablar o cuando no puede, esto es, cuando uno no quiere o no puede discurrir o expresar ordenadamente y lógicamente un pensamiento o varios, manifestándolos sin tener alborotado el ánimo ni desigualado el humor.
Sorprende por eso que la distinguida psicoanalista argentina Estela Welldon, en su época ya Eljana de psicoanalizanda, haya celebrado con su psicoanalizante Leslie John y durante varios años cinco bulliciosas sesiones semanales en las que el grito tuvo indudable principalía.
“En mis sesiones [con Leslie John] – dice Estela Welldon – se replicaban exactamente las cosas que habían pasado con mi padre, osea nos gritábamos los dos. Él me gritaba y yo lo gritaba. Yo he sido siempre muy rebelde e independiente. Entonces si desafiaba el sentido de cualquier tipo de interpretación, como había sido mi costumbre en mi primer análisis, John se enojaba muchísimo, me gritaba que cómo yo podía conducirlo y yo le respondía a gritos. Se estableció una especie de violencia doméstica en su consultorio.” (Moises Lemlif, Cara a cara, Entrevistas profanas, Lima, SIDEA, 2012, II, 200).
La violencia doméstica es de suyo lamentable, pero duplicarla en el consultorio es lamentabilísimo y únicamente sirve para avulgarar y ramplonizar, como diría Unamuno, la terapia psicoanalítica.
Tal vez sea más fructífero el griterío de un concierto de rock que el griterío supuestamente catártico de interminables sesiones psicoanalíticas. El rock es chamánico, por es un intento de reactualización de lo que Mircea Eliade ha llamado “las técnicas arcaicas del éxtasis”. De lo que se trata es de salir del mundo volando, lo cual es perfectamente explicable por la creciente insufribilidad del mundo. Con el rock se vuela con el psicoanálisis no.
“El mundo en que vivimos -dice Álvaro Mutis- me parece profundamente despreciable. No me interesa. Hemos entrado en una barbarie, no obstante que en su tiempo no se había llegado –como sí ahora- a tanta bajura. Un día le preguntan dónde gustaría vivir, y Baudelaire respondió: “en cualquier parte, con tal que sea fuera del mundo.”
Decía José Ortega y Gasset que el grito es el preámbulo sonoro de la agresión y al respecto citaba la siguiente observación certera de Leonardo: “Dove si grida non è vera scienza.” (“Donde se grita no hay verdadera ciencia.”) Gritar es levantar mucho la voz emitiendo sonidos penetrantes, desapacibles y muchas veces ensordecedores. Uno grita o profiere una interjección cuando uno no quiere hablar o cuando no puede, esto es, cuando uno no quiere o no puede discurrir o expresar ordenadamente y lógicamente un pensamiento o varios, manifestándolos sin tener alborotado el ánimo ni desigualado el humor.
Sorprende por eso que la distinguida psicoanalista argentina Estela Welldon, en su época ya Eljana de psicoanalizanda, haya celebrado con su psicoanalizante Leslie John y durante varios años cinco bulliciosas sesiones semanales en las que el grito tuvo indudable principalía.
“En mis sesiones [con Leslie John] – dice Estela Welldon – se replicaban exactamente las cosas que habían pasado con mi padre, osea nos gritábamos los dos. Él me gritaba y yo lo gritaba. Yo he sido siempre muy rebelde e independiente. Entonces si desafiaba el sentido de cualquier tipo de interpretación, como había sido mi costumbre en mi primer análisis, John se enojaba muchísimo, me gritaba que cómo yo podía conducirlo y yo le respondía a gritos. Se estableció una especie de violencia doméstica en su consultorio.” (Moises Lemlif, Cara a cara, Entrevistas profanas, Lima, SIDEA, 2012, II, 200).
La violencia doméstica es de suyo lamentable, pero duplicarla en el consultorio es lamentabilísimo y únicamente sirve para avulgarar y ramplonizar, como diría Unamuno, la terapia psicoanalítica.
Tal vez sea más fructífero el griterío de un concierto de rock que el griterío supuestamente catártico de interminables sesiones psicoanalíticas. El rock es chamánico, por es un intento de reactualización de lo que Mircea Eliade ha llamado “las técnicas arcaicas del éxtasis”. De lo que se trata es de salir del mundo volando, lo cual es perfectamente explicable por la creciente insufribilidad del mundo. Con el rock se vuela con el psicoanálisis no.
“El mundo en que vivimos -dice Álvaro Mutis- me parece profundamente despreciable. No me interesa. Hemos entrado en una barbarie, no obstante que en su tiempo no se había llegado –como sí ahora- a tanta bajura. Un día le preguntan dónde gustaría vivir, y Baudelaire respondió: “en cualquier parte, con tal que sea fuera del mundo.”











